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Llegó por fin el desenlace que todos estaban esperando. Después de mis artículos anteriores donde fui desgranando los pormenores y pormayores del caso Unión, he reservado para el final el meollo de la cuestión, el capítulo definitivo para entender qué y quiénes estaban detrás de ese fétido asunto judicial. Y para ello debemos regresar a La Caleta de Famara. Año 2008, marzo. Justo enfrente del apartamento donde los siete magníficos orquestaban la mayor conspiración de la reciente historia conejera, dos hombres, cuyos nombres me inventaré en su momento, vigilaban en la sombra. Uno de ellos era un conocido sacerdote de Arrecife. El otro, un empresario honesto al que la Justicia pretende arrebatar su bien merecido patrimonio utilizando el caso Unión como excusa. El cura mira a través de sus prismáticos y dice: "Uno de los jueces se acaba de servir otro cubata". El empresario maldice "¿Por qué ellos sí tienen amigos?" y recuerda el día de su boda, cuando cientos de personas abarrotaban el maravilloso hotel Princesa Yaiza coreando su nombre mientras los fuegos artificiales llenaban el cielo de alegría. Pero enseguida volveremos al apartamento de Famara.

Una oficina en Playa Honda. Febrero 2006. Un juez participa en una reunión secreta para organizar un boicot al Ironman de ese año. Frente a él, otro conocido empresario de la isla, muy aficionado al vino, está haciendo obras ilegales en La Geria, y los informes elaborados por el Cabildo así lo confirman. Está acorralado y piensa que la única forma de salvar el pellejo es impidiendo que se celebre la famosa prueba de triatlón. ¿Quiénes competían en la prueba ese año? ¿Quién vino desde Tenerife con la peregrina excusa del Ironman para participar en la reunión secreta de Playa Honda? Todo a su tiempo.

Servicio de señoras del restaurante Ginory. Septiembre 2007. Después de hacer sus necesidades, Delia Fernández, esposa del fiscal coordinador de Lanzarote, Miguel Pallarés, se siente repentinamente indispuesta. Sufre lo que años más tarde un grupo de expertos en rinoplastias de Albacete denominarían "una psicosimatización premonitoria". Delia Fernández, sobrina del insigne abogado Felipe Fernández Camero, se vio a sí misma en el futuro redactando un informe para favorecer al empresario de la oficina de Playa Honda.

Pocos días antes, unos familiares visitaron la isla e insistieron en conocer la FCM. "¿Están seguros?", les espetó Fernández con mala cara. "Sí", contestaron al unísono los familiares. "Pero hay que pagar, esa gente hasta cobra entrada", insistió la esposa de Pallarés. "Ya, como en todos sitios en Lanzarote", replicaron. La visita a la FCM se conviertió en una pesadilla. Hacía mucho viento, "demasiado para esta epoca del año", advirtió Felipe, y el grupo de familiares avanzaba hacia la taquilla. Calatayud y Juana iban detrás, en un desesperado intento de que sus familiares les pagaran la entrada. "Ni un céntimo saldrá de mi bolsillo para esos ecologistas", confesó Ignacio a su mujer la noche antes. Eran exactamente las 15:01 h. del domingo 18 de septiembre de 2007.

En ese preciso instante, a pocos kilómetros de Tahíche, tenía lugar un extraño almuerzo en el restaurante El Cruce de San Bartolomé. Nadie salvo el camarero pareció advertir la presencia de tres personalidades en un restaurante popular como es El Cruce. La presidenta del Cabildo de aquel entonces, Inés Rojas, intentaba ocultar su rostro tras unas gafas enormes, pero aun así se la podía reconocer. Tras ella, con su sempiterna chaqueta marrón, Javier Betancort, que había abandonado recientemente su cargo de concejal de Hacienda en el ayuntamiento de San Bartolomé. Detrás suyo, last but not least, el piloto de fórmula 1 Fernando Alonso entraba saludando a la gente, ajeno al secretismo de aquella reunión. Hasta hace muy poco nadie tenía conocimiento de este encuentro. Nadie salvo el camarero de El Cruce, amigo mío de la infancia, que me llamó hace unos días al grito de "Llevo siete años escondiendo algo y necesito contártelo".

Para cerrar el círculo de esta maquiavélica historia. El Partido Popular en Lanzarote intentó secretamente que el Mundial de Fórmula 1 celebrara una prueba en Lanzarote. Cándido Reguera presumía de su amistad con Rita Barberá, y ésta le pasó el teléfono de Bernie Ecclestone, mandamás del fabuloso negocio de los bólidos. Pero una tarde de abril, en plena reunión de la gestora del PP en la isla, Reguera se despistó y dejó su móvil descuidado muy cerca de Betancort, que aprovechó para revisarle su libreta de contactos y anotar el número de Ecclestone. La traición estaba servida. Faltaba por decidir dónde se celebraría el Gran Premio. Betancort propuso el circuito de karting de San Bartolomé, pero Rojas lo descartó porque no quería que se notara ningún favoritismo hacia el municipio donde Betancort había sido concejal. "No es inteligente", sentenció Rojas, que ya sabía de los planes de su compañero de partido y alcalde de Tinajo, Jesús Machín, de construir un circuito de rallies en La Vegueta.

Lo tenían todo planeado. El Gran Premio de Lanzarote se celebraría en mayo, pero las sesiones de entrenamiento y calificación, que suelen celebrarse los sábados, podían coincidir con el Ironman. Y, al fin, la clave de todo este torticero entramado. En el podio de vencedores no se brindaría con champán, sino con vino de La Geria. El empresario de Playa Honda quería que fuese su vino a toda costa, pero el Consejo Regulador tendría la última palabra. No eran los únicos planes de expansión del empresario de Playa Honda. También quería cerrar un contrato millonario con la Iglesia para que su vino se utilizara en todas las liturgias del país. El sacerdote de Famara sabía de los planes del empresario, pero convenció a la Diócesis de que lo mejor era vender a Iveco las viviendas de Argana, a pesar de que había gente viviendo dentro desde hacía décadas. De ahí su sorpresa cuando, al espiar el apartamento de Famara, descubrió a su jefe brindando con Stratvs junto a la plana mayor de la FCM, que había alquilado tres limusinas blancas para la ocasión. ¿Saben quién fue el último hombre en salir de una de aquellas limusinas a su regreso a Arrecife, disfrazado de gitana y en un deplorable estado etílico? Lo habrán adivinado: un cuñado de César Romero Pamparacuatro. Después vino la cortina de humo de Espino y los artificio de la UCO y todas las mentiras y enredos que publicó una prensa demasiado dócil con los ecologistas.

Así es la historia. Imagino que para quienes les gusta la Fórmula 1 habrá sido un palo leer esto. Es cierto, ya no te puedes fiar de nadie en este mundo, y sobre todo, repitan conmigo niños: los buenos nunca son los buenos, son igual que los malos pero encima tienen la desfachatez de no reconocerlo. O sea, son peor que los malos. Por eso, lo máximo a lo que se puede aspirar en esta vida es a estar entre los malos, porque los buenos son peores. Ya me entienden. A mí me espera el Pulitzer. Lo siento por ti, Fernando Alonso.

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Comentarios  

 
#1 Kike 01-07-2014 13:37
Chupanel jajaja, el nombre le viene al pelo
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#2 Por su puesto 02-07-2014 16:07
Creo que este es el artículo de este señor que más se acerca a la realidad... De los que ha escrito en su vida.... Con eso todo dicho genial
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#3 Pepi 02-07-2014 16:21
Jajajakaja fantástico Alonso
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#4 Joaquin Costa 06-07-2014 18:28
Enhorabuena a este medio de comunicacion. Lanzarote sufre de una enfermedad ya diagnosticada en 1898 por el regeneracionist a Joaquín Costa en su obra Caciquismo y Oligarquía en España. Recomiendo su lectura sobre todo por la operación quirúrgica que recomienda el autor. El entramado de corrupción' clientelismo y demás patologías administrativas y políticas exigen una intervención inmediata de los mejores éticamente hablando. Nos han robado y privado de todo, empobrecen a la gente....para q su única obsesión sea comer y tener un techo. Revolución cultural ya. Abajo caciques y oligarcas de la isla. A por ellos con las leyes y el sistema. Podemos. 
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